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El Dream Team de Lillo

29/03/2014

Estaría bien catalogar hoy a Millonarios como el verdadero equipo “Patriota”, qué amor y qué patriotismo el que sienten los jugadores por esta camiseta. Fue una tarde noche completa, de la A a la Z, desde Delgado hasta Dayro, desde Lillo hasta Cortés, desde la porrista hasta el recogebolas, desde “los Comandos” hasta la “Blue Rain”, desde el primer accionista hasta el último abonado, desde el que vino en familia, hasta el que pidió monedas para la boleta. Todos, absolutamente todos nos sentimos en un “curubito”, nos hinchamos de felicidad y se nos llenó de aire la camiseta, no queríamos salir del estadio, una felicidad casi etérea, una presentación que pretendió emular  aquellas epopeyas mitológicas de “El Dorado”. Y es que no en vano, y de alguna manera, Mayer Candelo y Dayro Moreno simbolizaron aquellos aguerridos guerreros que por momentos parecían tocar los cielos del Olimpo.

Primera misión cumplida “… jolines… y es que a fin de cuentas este tío tolosano, venido de tierras “guipuzcoanas”, se está saliendo con la suya…” Y a fe que lo seguirá haciendo mientras continúe mostrando todo su poderío con su plantilla de lujo. Ahora, se me antoja que si sus intenciones de experimentar con otros jugadores y esquemas aún perduran, pues creo que el escenario perfecto por fin llegó y cuajó, ahora es cuando, ya estamos clasificados, seguimos evolucionando con holgura y solidez, dese nuevamente la pela, si quiere, que con seguridad será una moción aprobada en masa.

Millonarios ganó con contundencia y poderío, pudo ser media docena, pero los ancestros del implacable fútbol no permitieron tal humillación. Importante destacar que sí, fue a un tímido y disminuido Patriotas, pero es allí cuando hay que decir que ya matamos, en definitiva, aquel síndrome del “toro grande” que nos rondó en las primeras fechas. Vi el retorno de un Robayo ordenado y ofensivo, la regularidad de un Omar Vásquez que siempre inquieta y le produce jaqueca a los rivales, a un M’Bami práctico y efectivo, pese al criterio de muchos; a un Cadavid dueño y señor de su puesto, o a un Otálvaro que siempre apalanca las genialidades del mejor diez de este país, y a un Vargas líder y cumplidor de sus deberes y funciones.

En síntesis, Millos comienza a interpretar la sinfonía flamenca que propone Juan Manuel, ya regula los soles y bemoles, ya se oyen trompetas de victoria y de gloria… de repente la grandeza regresa a nosotros y nos atropella con toda su pasión.

PD: hoy mi posdata es dedicada a la hinchada de Millonarios…por eso no escribo más…no hay palabras para describirla.

Camilo Andrés Salcedo E.

FOTO: Luís Álvarez