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NO CONFUNDIR PACIENCIA CON PASIVIDAD

14/04/2014

El proceso de Millonarios en este primer semestre de 2014 ha estado lleno de altibajos, como es normal en el fútbol colombiano se habla de una “curva de rendimiento” que en algún momento del campeonato afecta a los equipos y es allí donde la mano del técnico, el trabajo de fortalecimiento mental y el hambre de títulos hacen que un equipo salga airoso y preparado para afrontar las finales.

Pues ya llegada la fecha 17 de la Liga en Colombia, a un paso de entrar en los “Playoffs” “Cuartos de final” o como se le quiera decir a la siguiente fase, el equipo de Juan Manuel Lillo ha bajado un poco el rendimiento respecto del que se hizo fuerte durante la fase todos contra todos, que clasificó de manera anticipada sumando 10 fechas de invicto, las derrotas frente a Alianza Petrolera y Uniautónoma hacen pensar que el equipo llega en mala forma para afrontar las finales.

Las críticas, mientras no sean destructivas ni malintencionadas, ayudan a mejorar y evitar que se caiga en triunfalismo que afecte el trabajo y el rendimiento del equipo en los juegos venideros. Debemos tener en cuenta que la clasificación pudo haber relajado al grupo de jugadores, sin olvidar que el gran objetivo es el título, estar disputando solo la Liga genera algo de confianza para los partidos que faltaban del calendario regular, pero aparte de esto en cancha se ha visto un equipo que se excede en ser paciente y olvida que los rivales también tienen obligaciones y motivaciones para competir al 100%.

La paciencia que Millonarios exhibe en cancha se convierte en pasividad, no se ve un equipo con la necesidad de conseguir el gol, se tiene el balón, pasea por todas las líneas y al no poder acceder al último tercio de cancha con riesgo, el balón regresa a la línea de defensas y se vuelve un ciclo que adormece al equipo. Esto no es del todo malo, ya que con la posesión de balón se defiende el 0 en el arco propio, pero cuando en acciones aisladas se reciben ataques e incluso goles en contra, no hay una respuesta que haga pensar que se vaya a dar vuelta al marcador y cuando esto sucede el hincha se desespera, el equipo pierde la confianza y el rival se envalentona y con más garra que fútbol complica el resto del partido.

El equipo azul con el balón y el marcador a favor es amo y señor de todas las circunstancias del juego, pero cuando recibe un gol falta respuesta, no hay un revulsivo, ya que desde el banco no hay muchas opciones para cambiar un partido y en el campo la pasividad se apodera de los jugadores, tanto así que empiezan a cometerse errores individuales y colectivos (individuales como el de Leudo en Barranquilla y colectivos como en el 1er gol frente a Alianza Petrolera).

Esperemos que el domingo frente a Deportes Tolima, con el apoyo y el empuje de la hinchada, con la necesidad de quedar entre los 2 primeros y sabiendo que vienen las finales, el equipo deje atrás la pasividad y la falta de respuesta ante las situaciones adversas, para entrar con la seguridad necesaria y el hambre que exigen las finales del fútbol colombiano. Porque hay que tener en cuenta que un gol en contra y la falta de respuesta que está mostrando el equipo pueden ser fatales en una llave de ida y vuelta.

  • PDT: Un dato no menor es que Millonarios en este semestre se ha ido abajo en el marcador en 6 partidos (Equidad, Boyacá Chicó, Huila, Medellín, Alianza Petrolera y Uniautónoma) y solo en uno ha conseguido por lo menos empatar (Huila), los demás han sido derrotas. Ojo con esto para las finales, la hinchada es clave en estas situaciones, se puede ser paciente pero nunca pasivo en la tribuna.

 

Miguel Ruiz – @MigueRuiZ