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Mauricio Silva Guzmán.

A ti te hablo, Millos…

Sí, Millonarios, a ti te hablo.

Al club que me desveló de niño, pero que en algún momento, nunca supe cuándo, entró en un letargo del cual nunca despertaste. Hablo del equipo que conocí como el más grande de Colombia y que ahora ve cómo lo pasaron de largo. Sin reacción.

Nacional acaba de ganar la Copa Libertadores, otra vez. Y la ganó con un técnico que tú bien conoces, Reinaldo Rueda. Ese al que le ofreciste hacerse cargo del equipo que, todavía, era el más veces campeón. Rueda, un tipo serio y sensato, no aceptó, porque no encontró las condiciones mínimas de orden para trabajar.

Qué lejos están esos tiempos en los que todos los jugadores querían ir a Millonarios, cuando había una sede deportiva, ideada por ese gran entrenador que fue Gabriel Ochoa Uribe y que ahora está perdida, por allá en el norte de Bogotá, porque en esa rapiña por quedarse con el club terminó en manos de otros (todos dudosos). Ahí se acabó para siempre el gran Club Deportivo Los Millonarios. Este Millonarios Fútbol Club de hoy tiene que pedir canchas prestadas para entrenar. Y eso se nota y te lo hacen saber. O recuerda lo que dijo Juan Manuel Lillo de las camillas…

Durante años miramos por encima del hombro a los grandes rivales (tal vez hoy pagamos algo de eso). Celebramos partidos que les ganamos, que no eran más que eso, partidos sueltos. Hoy, los hinchas de Millonarios, que vemos a nuestro equipo cada día más pequeño, amanecemos con nuestros dos principales rivales como campeones de América: los verdes, de la Libertadores, y los rojos, de la Suramericana. Los mismos torneos internacionales que hemos regalado para darles tiempo a los técnicos que llegan, siempre a mitad de camino, siempre con la temporada empezada, siempre colgados… ¿Te acuerdas lo que hiciste con Lillo, con Lunari, con Israel?

Tanto en Nacional como en Santa Fe tienen claro cuál es el camino del éxito: armar un buen equipo, invirtiendo dinero y poniendo al frente a gente que sabe de fútbol. Y sabes, Millos, ese, tal vez, es tu problema: que al frente tienes a administradores y yuppies engreídos que ven a Millonarios como el negocio de unos amigos inversores (incluidos los Interbolsa, que también pasaron) y no como una pasión de enormes posibilidades. Ellos piensan más en números que en fútbol, controlan gastos, traen lo que llegue por la poca plata que ofrecen, cambalachean baratijas.

Y por eso, Millos, cualquiera se pone hoy tu camiseta. Vives en la ley del ensayo y el error. Nos quieres hacer creer a tus hinchas que cada 9 extranjero que llega va a ser el nuevo Juan Gilberto Funes, un desconocido que llegó acá y triunfó. Pero Funes solo hubo uno. Y ninguno de los que llegaron fue un Funes. ¿Te hago una lista? No eran Funes: eran Ovelar, Sebastián Pinto, Wesley Lopes, Boyero, Ibarrola, Urbano. ¿Sigo con la lista? No vale la pena.

Te lo pido, Millonarios. Despierta. Ya no eres el más grande de la historia. Desde hace 20 años, ¿tal vez 30?, eres un equipo de mitad de tabla que todos los años nos ilusionas a los hinchas, nos pones a pagar la boleta más cara del país, la comida más cara del país y el parqueadero más caro del país, para ver a un equipo que, con todo respeto por los que voy a nombrar, si les pones la camiseta del Quindío, del Pereira, del Bucaramanga o del Cúcuta, no se notaría.

Mientras más y mejor inviertan tus dueños, mejores resultados van a tener. Te cuento que Nacional hoy amanece con 7,3 millones de dólares en los bolsillos, solo por ganar la Copa, y sin contar las taquillas que te encanta exprimir.

¿Por qué mejor no piensas en lo primero, en armar un buen equipo de fútbol? Los que te vimos infundir respeto, ganar títulos, no nos acostumbramos a verte así. ¡Olvídate!

En cambio, ya acostumbraste a los hinchas jóvenes a ser seguidores del “aguante”, a aceptar cualquier migaja de talento, a recibir decenas de “Yulianes Mejías” como solución, a convertir en ídolos a jugadores que, en tus buenas épocas, no serían suplentes del suplente.

Santa Fe y Nacional te están mostrando el camino.

A ver si lo sigues y no dejas que te alcancen otros.

Mauricio Silva Guzmán – @msilvaazul