Saltar al contenido

Todo está consumado…

13/10/2014

No saben cuánto me costó escribir estas dolorosas líneas, y no porque no esperara este resultado contra Medellín, sino porque nuevamente la gente albiazul demostró que el único amor que no se cambia ni se olvida es el de Millonarios. Y es que muchos alcanzaron a depositar ciertas esperanzas basados en una luz que intentó brillar en los dos últimos partidos, pero en verdad nuestra realidad es otra. Yo no, yo no tuve esa alucinación. Ni Fortaleza ni Patriotas debieron ser un referente ni de alza ni de confianza. El hoy de Millonarios es un remedo de juego que se confunde con ganas y valor. La verdad es que me alegra mucho por el profe Torres y su cuerpo técnico, un Medellín con una actuación inmejorable, imponiendo condiciones desde el principio, se llevó una muy justa y corta victoria frente a un Embajador que da grima. Nos aterrizaron sin piedad y nos estrellaron contra el piso. Esta nómina que puede que no sea la peor de la Liga, pero que si ha sido perversamente elaborada para pelear escasamente con los equipos de media tabla hacia abajo, tuvo otra triste y olvidable actuación.

Ricardo Lunari debe saber que no llegó a una institución sana, que todos los días se fragua una lucha de poderes, y un desangramiento permanente con sevicia que invita a los avernos del pasado. Millonarios logró crear con su título del 2012 un sofisma de distracción, una cortina de humo que permitió a propios y extraños creerse el cuento que dejábamos atrás la era de la infamia.

Un execrable manto de politiquería española comenzó, nuevamente, a cubrir con oscuridad lo que con fútbol intentaron recuperar nuestros héroes del 2012; aquellos quienes tal vez desconocían, o más bien, querían desconocer y hasta evadir los bajos instintos de algunos arribistas y politiqueros que vendieron al equipo disque a un nuevo y dichoso modelo empresarial europeo.

Estamos viendo caer poco a poco este castillo de naipes hecho con el egocentrismo de unos acéfalos aparecidos, de unas mentes inertes que sólo buscan de la marca Millonarios el camino más corto para enriquecerse sin el menor escrúpulo.

No me queda más que decirles, miren hacia arriba, con aquella frente bien en alto que nos hincha al decir que somos Embajadores, que somos azules dérmica y visceralmente, que nada detendrá este amor puro por nuestra institución, que Millonarios es más que los Interbolsa y sus secuaces, que es infinitamente superior a los escupitajos de los Sanin o Portolés; que Millonarios vive, y vivirá por siempre gracias a su incomparable marcapasos llamado hinchada.

PD: hoy, como desde la primera crónica, paso cuenta de cobro a todos mis detractores que me condenaron por decir que ni Andy Polo, ni Fernando Uribe eran refuerzos, que ni Reina ni la permanencia de Plata, eran soluciones de corto plazo, a todos ellos quiero decirles que esto no se trataba de amar o no al equipo, de tenerle fe o no a Millonarios, eso es inherente al nacer, se trataba era de hablar con la verdad, y no de callar para mentir.

Camilo Andrés Salcedo E.