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Una herida con mucho limón y sal…

20/08/2014

Así lo siento, así lo sentimos muchos, que Lillo dice, que Nelson Ramos dijo, que lo de Portolés, que los refuerzos que nunca llegaron y que, tal vez, jamás llegarán; que la lesión de Polo, que cuándo regresará Vásquez; que los ecos de la goleada de Nacional, que el Pasto con muy poco nos sacó dos puntos, que el sofisma de distracción llamado Interbolsa , que no hay plata, que las divisiones al interior del equipo, que nos llegó la Suramericana, que el camerino y el rancho arden, que arden…qué más pensar del hoy de nuestro Millonarios.

En medio de tanto claroscuro, de esta inmensa zozobra e incertidumbre, pido encarecidamente se rescate y se resalte la labor de estos jugadores que fecha tras fecha hacen de tripas corazón, y con cuchillo entre los dientes, saltan a las canchas a dejar la piel, porque si hay algo de lo que no carece este limitado e inválido Millonarios, de Juan Manuel Lillo, es de sangre en el ojo.

Candelo, Román, Robayo, Ochoa, Mosquera, Vargas, incluso, el propio Uribe; son jugadores que pese a las arenas movedizas y a esta maldita amnesia futbolística y administrativa que nos infecta hasta los huesos, demuestran un poco más de dignidad y decoro que sus propios jefes, por lo menos tienen la deferencia de poner la cara y hacerle frente a estos extraños y miedosos vientos “LuisFrancoLopecianos”. Vuelve y ronda la letal pregunta: qué hacer…?, qué Lillo tome el subsiguiente vuelo detrás de Portolés…?, que una renuncia en este momento no es saludable…?, que comience a retumbar el sonajero con apellidos ilustres como el de Rueda, Escobar, o Álvarez…?

¿Qué será lo mejor para nosotros, los hinchas de mayor fe en este mundo…?

Mis palabras fueron vituperadas y burladas por mis detractores, no saben cuánto odio tener y seguir teniendo la razón. Qué implacable es el fútbol…!

PD: Le pido con el corazón en la mano a Juan Manuel Lillo: pare bien a Millonarios el domingo, acá en Manizales, un azote más y significaría la crucifixión total.

 

Camilo Andrés Salcedo E.